Listado de la etiqueta: productos de seguridad infanti

Productos de seguridad infantil: las reseñas no bastan

SEO, reseñas y afiliación no son seguridad infantil

Esta semana me han ofrecido publicar «gratuitamente» un artículo: una generosidad encubierta que, aunque ya hemos denunciado en otras ocasiones, no deja de parecerme una práctica que roza la mala fe, por decirlo suave, cuando hablamos de vidas de niños.
Vamos por partes.

Cuando una familia busca una barrera para una escalera, una red para una ventana, un protector de enchufes o un flotador para su hijo, no está buscando simplemente un producto. Está buscando seguridad, quiere comprar seguridad y quiere recibir seguridad.

Pero, antes de decidirse por la compra de un producto, en ese momento en el que introduce en el buscador las palabras «comprar seguridad infantil», gran parte de la información que encuentra una familia en Internet no ha sido creada por profesionales de la prevención ni responde a una evaluación técnica. Son contenidos diseñados para posicionarse en los buscadores, recomendar productos de marketplaces y generar una comisión cuando alguien pulsa el enlace y compra. ¡Quien sale más arriba se lleva el pescado!

La afiliación comercial es una actividad legítima cuando se identifica con transparencia. Lo que no es legítimo ni responsable es convertir reseñas de compradores, descripciones comerciales y contenidos técnicos ajenos en una aparente autoridad sobre seguridad infantil, especialmente cuando quienes publican estas recomendaciones carecen de experiencia acreditada y se nutren del trabajo de otros para generar beneficios (para ellos, claro). Lo sé: dicho así parece la descripción de «parásitos», pero por más vueltas que le doy es lo que es: parásitos modernos pero parásitos.

Porque saber posicionar una página en Google no significa saber prevenir un accidente, de la misma forma que el hecho de que la influencer de turno venda un producto de seguridad infantil porque le pagan por ello tampoco demuestra que sea seguro. Que, además, parezca un juguete lo dejamos para otro día, como para otro día dejamos el mundo influencer y la ética de la seguridad infantil.

Miles de reseñas no acreditan la seguridad

Las opiniones de los compradores pueden explicar si el envío llegó a tiempo, si el producto parece resistente, si resulta sencillo de instalar o si cumplió sus expectativas.
No pueden acreditar que ese producto:

  • Cumpla la normativa que le corresponde.
  • Disponga de documentación técnica y trazabilidad.
  • Haya superado los ensayos aplicables.
  • Resista las fuerzas que deberá soportar.
  • Sea adecuado para la edad y las habilidades del niño.
  • Pueda instalarse con seguridad en un espacio concreto.

Una familia puede valorar positivamente una barrera, una red o un cierre porque todavía no se ha producido el accidente que ese producto debería prevenir.

En seguridad infantil, que todavía no haya pasado nada no demuestra que una solución sea segura. El «a mí me funciona» todavía no se ha recogido en la normativa como ensayo específico.

Vamos con algunos ejemplos de la inseguridad infantil que pulula por el mundo del comercio online.

El algoritmo tampoco sabe de seguridad infantil

Los buscadores de Internet y los buscadores internos de los marketplaces funcionan mediante palabras clave, categorías, ventas, popularidad, publicidad y otros procesos automatizados.
No realizan una evaluación del riesgo infantil, ni comprueban la efectividad antes de mostrar un resultado.

La imagen que acompaña este artículo es un ejemplo real. En la búsqueda documentada, al introducir «seguridad infantil» en el buscador de este marketplace concreto —hay muchos más; este es solo un ejemplo y por eso he preferido preparar una composición; conservo todas las imágenes documentadas, pero podéis hacer la prueba—, aparecían barreras extensibles de madera.

  • Entras en el detalle del producto y habla claramente de mascotas, pero no especifica que no son para niños. Eso sí, la madera está certificada como sostenible. Menos mal.
  • Entras en las reseñas y el resumen dice literalmente: «Los clientes elogian ampliamente la facilidad de instalación y su efectividad para bloquear acceso a escaleras y contener mascotas o niños».

Efectivamente, las opiniones reflejan que se están utilizando con niños. La familia no tiene por qué saber que las estructuras extensibles en forma de rombos pueden generar aberturas variables, puntos de atrapamiento y elementos que facilitan la escalada. Además, el simple hecho de aparecer en esa búsqueda no acredita que hayan sido diseñadas y evaluadas como barreras de seguridad infantil conforme a la norma EN 1930.
Y, como yo “solo” llevo 20 años dedicándome a la seguridad infantil, os voy a poner como referente la Guía de seguridad de productos infantiles potencialmente peligrosos, de EuroSafe y que puedes encontrar en el Ministerio de Sanidad. Este es el texto literal sobre estas barreras:

Existe el riesgo de estrangulamiento o de quedar atrapado con las barreras de tipo acordeón (con aperturas en forma de V en la parte superior y con forma de rombo entre los listones). Aunque este diseño ya no está disponible en el mercado, puede encontrarse en tiendas de segunda mano o como regalo. Se han dado casos de fallecimientos infantiles al quedar atrapada la cabeza del niño en dichas aperturas cuando intentaba atravesar o trepar dichas barreras.

¡Menos mal que ya no están disponibles! Por cierto, entre nosotros, si ves estas barreras de acordeón y realmente amas a tu mascota, ¡tampoco se la compres!

productos-infantiles-peligrosos

La normativa europea existe, pero los productos peligrosos siguen llegando

El Reglamento (UE) 2023/988 relativo a la seguridad general de los productos, aplicable desde el 13 de diciembre de 2024, ha reforzado las obligaciones de fabricantes, importadores, distribuidores y prestadores de mercados en línea.

Establece que únicamente pueden comercializarse productos seguros, regula la identificación y la trazabilidad y, en los supuestos establecidos, exige que exista un operador económico responsable establecido en la Unión Europea. También obliga a los marketplaces a colaborar con las autoridades y a actuar ante las ofertas de productos peligrosos de las que tengan conocimiento.

Es un avance necesario, pero no significa que los marketplace (los de aquí, los de allí y los más o menos «famosos») ensayen y certifiquen técnicamente cada producto antes de publicarlo. ¿Me consta que algunas plataformas han retirado a un vendedor determinados productos alegando que no eran seguros o no cumplían la normativa vigente, mientras productos idénticos continuaban vendiéndose en la misma plataforma a través de otros vendedores que… pasaban por caja. Esto último no lo critico, es licito que los marketplaces tengan planes premium para sus Sellers, lo que no es de “recibo” (valga la redundancia) es seguir vendiendo productos a costa de la seguridad de un bebé.
La prueba de que el sistema no consigue detectar previamente todos los productos peligrosos la aporta la propia Unión Europea.

Safety Gate es el sistema oficial de alerta rápida de la Unión Europea para productos no alimentarios peligrosos. Cuando una autoridad nacional detecta un producto que presenta un riesgo, lo notifica para que los demás países puedan localizarlo y adoptar las medidas correspondientes. Estas actuaciones pueden incluir la retirada del mercado, la recuperación de productos que ya han llegado a los consumidores y la eliminación de ofertas publicadas en marketplaces.

La norma establece cómo debería funcionar el mercado. Las alertas demuestran que, pese a ese marco jurídico, siguen detectándose productos peligrosos que ya han sido anunciados, distribuidos o vendidos.

Además, Safety Gate actúa sobre productos que ya han sido detectados. Que un artículo no aparezca en este sistema no constituye una certificación ni demuestra que sea seguro; puede significar que todavía no ha sido analizado, detectado o notificado.

Hace apenas unas semanas, del 7 al 10 de septiembre de 2026, la Comisión Europea celebró en Bruselas la International Product Safety Week 2026, bajo el lema «Product Safety in Motion».

El comercio electrónico, los riesgos digitales, la seguridad infantil y la necesidad de reforzar la vigilancia y la cooperación internacional ocuparon una parte central del encuentro. La información publicada tras su clausura confirma que el comercio electrónico, la seguridad de los niños y el refuerzo de la aplicación de las normas siguen siendo retos abiertos, no asuntos resueltos.

Europa conoce el problema, lo analiza y trabaja para mejorar sus mecanismos de control. Pero celebrar veinte años de cooperación y disponer de una normativa avanzada no impide que los productos peligrosos atraviesen los controles, reaparezcan en Internet y lleguen a las familias anunciados, incluso, como productos de seguridad infantil.

La legislación es imprescindible, pero sin vigilancia, control y conocimiento técnico puede atravesarse con demasiada facilidad.

Los medios de comunicación no siempre ayudan

Antes de entrar de lleno, y enlazando con Safety Gate, conviene aclarar una premisa: hay artículos que pueden venderse en la Unión Europea en general y en España en particular porque cumplen la normativa que les corresponde. ¿Qué normativa? La que les toca. Por ejemplo, un flotador comercializado como juguete debe cumplir la normativa aplicable a los juguetes. Pero esa normativa no convierte el flotador en un dispositivo de prevención del ahogamiento.
Dicho esto, la falsa seguridad no aparece únicamente en tiendas y webs de afiliación. También puede difundirse desde medios de comunicación con una autoridad que las familias dan por supuesta.

En este caso, el ejemplo es el siguiente: en 2021, La Vanguardia publicó el artículo «10 flotadores y colchonetas para convertirnos en los reyes y reinas de la piscina este verano», con diferentes productos enlazados a Amazon.
El texto afirmaba que un flotador con forma de animal ayudaría a que los niños «se sientan seguros» y presentaba otro modelo como una opción para «asegurar a cualquier bebé» e impedir «cualquier susto».
Al final del artículo se informaba de que el medio podía recibir una comisión por las compras realizadas mediante sus enlaces.

Los flotadores, manguitos y colchonetas pueden cumplir la normativa que les corresponda, pero por sí solos no previenen el ahogamiento, no garantizan que las vías respiratorias permanezcan fuera del agua y nunca permiten reducir o interrumpir la vigilancia adulta.

  • La Asociación Española de Pediatría advierte de que pueden generar una falsa sensación de seguridad y disminuir la atención de los cuidadores.
  • El Ministerio de Sanidad recuerda que los flotadores hinchables no son recomendables y que los menores deben permanecer vigilados en todo momento dentro y cerca del agua.
  • Y las pesadas (presente) de la campaña #OjoPequeAlAgua llevamos desde 2017 insistiendo en que ningún producto de ayuda a la flotación evita el ahogamiento: N-I-N-G-U-N-O.

Presentar un flotador como una forma de «asegurar a un bebé» no es una expresión comercial inocente. Es un mensaje que puede alterar la percepción del riesgo.

El clic genera una comisión. La falsa seguridad puede costar una vida.

Copiar contenido técnico no convierte a nadie en profesional

A lo que iba: proliferan las páginas creadas por personas sin formación ni experiencia acreditada que toman criterios elaborados por profesionales, los reorganizan pasándolos por la centrifugadora de la inteligencia artificial, los simplifican y los colocan junto a productos de Amazon u otros marketplaces.

Copiar una explicación sobre barreras, redes, enchufes o cierres no transmite el conocimiento necesario para evaluar un producto, interpretar una norma o determinar su adecuación a un espacio.

Detrás de un contenido riguroso existen años de investigación, revisión normativa, análisis de accidentes, evaluación de productos y trabajo directo con familias, centros educativos y espacios infantiles.

Que ese contenido, como todo el que encontrarás aquí, sea gratuito no significa que carezca de autoría, que pertenezca al dominio público ni que pueda reproducirse o adaptarse al margen de la legislación sobre propiedad intelectual.

Desde esta web, desde este blog y desde todos los espacios en los que escribo, compartimos información porque queremos prevenir accidentes infantiles y salvar vidas. No para que terceros se apropien del trabajo, oculten su procedencia y lo conviertan en tráfico, posicionamiento y comisiones para su uso y disfrute con el trabajo de otros.
Otra vez aparece la definición de «parásito».

Este oportunismo no solo perjudica a quien ha creado el contenido. También confunde a las familias porque coloca al mismo nivel la experiencia profesional y una guía redactada para vender.

Recomendar exige asumir responsabilidad

Una barrera inadecuada en la parte superior de una escalera puede introducir un riesgo de caída. Una red genérica mal elegida o instalada puede no detener a un niño. Un protector de enchufes puede resultar innecesario o generar un nuevo peligro. Una esquinera de protección puede ser mordida —cosas que tienen los niños—, desprenderse y convertirse en una pieza pequeña con riesgo de atragantamiento o asfixia. Un tope de puerta con forma de animalito es lo más parecido a un juguete y lo más opuesto a un producto de seguridad infantil. Un flotador puede hacer creer que el niño está protegido cuando no lo está.

Por eso, un producto no puede recomendarse únicamente porque aparezca bien posicionado, acumule miles de estrellas o genere una comisión.
Antes de recomendarlo hay que conocer:
– El riesgo que se pretende prevenir.
– El espacio en el que se instalará.
– La edad, las habilidades y la conducta previsible del niño.
– La normativa y los ensayos aplicables.
– La documentación y la trazabilidad del producto.
– Sus limitaciones, su instalación y su mantenimiento.

La seguridad infantil no consiste solo en encontrar rápidamente un producto. Hay que comprobar que ese producto no introduce un riesgo mayor que aquel que pretende resolver y que es la mejor solución para el riesgo.

La seguridad infantil no se mide en clics

La Unión Europea puede aprobar reglamentos. Los marketplaces pueden establecer controles. Los medios pueden incluir declaraciones de afiliación. Los buscadores pueden mostrar miles de resultados.
Nada de eso sustituye el criterio técnico.

Mientras un producto peligroso pueda aparecer anunciado como «seguridad infantil», mientras una barrera para animales se muestre a familias que buscan proteger a su bebé, mientras un flotador se presente como una forma de «asegurar» a un niño y mientras cualquiera pueda copiar el trabajo de profesionales para vender productos sin conocimiento técnico más allá que el copiado, tendremos que seguir denunciándolo.

La prevención de accidentes infantiles no puede dejarse en manos de algoritmos, estrellas, automatismos y enlaces remunerados.
La seguridad infantil exige conocimiento, experiencia, responsabilidad y… ética.
PD: No quiero demonizar las tiendas online, ni mucho menos. Hay tiendas online con asesoramiento profesional, igual que las pocas y escasas tiendas especializadas que todavía encontramos a pie de calle. Compra en Internet o donde quieras, pero asegúrate de que detrás haya un equipo profesional y responsable.
© M. Ángeles Miranda para la Asociación Nacional de Seguridad Infantil. Lo de incluir la notita de que difundas y cumplas con la legislación vigente…ya para otro post. Difunde, que algo queda. Gracias por el apoyo.