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Seguridad Deportiva: Caídas de porterías en España

Seguridad Deportiva: Caídas de porterías en España
Accidentes y fallecimientos que se pueden evitar · by TUTIGOOL

Hay un peligro que lleva décadas presente en colegios, polideportivos y campos deportivos de todo el mundo. No es visible a simple vista. No hace ruido. No tiene señal de alarma. Pero cuando actúa, lo hace con consecuencias devastadoras: una portería sin sistema antivuelco que cae sobre un niño puede pesar hasta 200 kilogramos.
Los números son claros. Las soluciones existen. Y sin embargo, cada año siguen ocurriendo tragedias que podrían haberse evitado.
Lo que ha pasado en España

El 14 de enero de 2025, un martes por la tarde, un niño de tres años jugaba con otros menores en el pabellón municipal de Ordal, en Subirats (Barcelona). Era una portería secundaria de entrenamiento, de esas que están a un lado de la pista. La portería cayó sobre él. El Sistema d’Emergències Mèdiques llegó al lugar pero no pudo hacer nada. El municipio decretó tres días de luto. Los Mossos d’Esquadra abrieron una investigación para determinar si la portería estaba correctamente fijada.
Tenía tres años.

No es un caso aislado. Entre 2000 y 2018 se documentaron en España al menos 17 menores fallecidos en accidentes con porterías y canastas en instalaciones deportivas. Diecisiete familias. Diecisiete polideportivos, colegios o pabellones donde todo empezó como un día normal.
El Consejo Superior de Deportes lo reconoce en sus propios documentos técnicos: «en los últimos años se han producido lesiones graves y muertes como resultado de porterías no seguras y/o del uso inseguro o inadecuado de las mismas». Los datos que manejan las entidades de seguridad infantil en nuestro país son contundentes: en España ocurren entre 1 y 2 accidentes graves al mes con equipamientos deportivos, y en el 30% de los casos dejan secuelas permanentes en los afectados.
Las porterías protagonistas de estos accidentes son las de interior: las de fútbol sala y balonmano, las de 3×2 metros. Las que hay en cada polideportivo municipal, en cada colegio con pista cubierta, en cada pabellón de barrio. Son portátiles por diseño, para poder desplazarse y liberar el espacio, pero esa misma característica las convierte en un riesgo serio cuando no se anclan correctamente después de cada uso.
Una portería de balonmano o fútbol sala pesa entre 60 y 120 kg. Cuando vuelca, lo hace en décimas de segundo. No hay tiempo de reacción. El niño que está debajo no tiene posibilidad de esquivarla.

Los datos en Estados Unidos y Europa
La Comisión de Seguridad de Productos de Consumo de Estados Unidos (CPSC) lleva documentando este problema desde 1979, principalmente con porterías portátiles de interior, el mismo tipo que se usa en fútbol sala y balonmano:
• Más de 40 muertes documentadas por vuelco de porterías entre 1979 y 2017 en EE. UU. y Canadá.
• Más de 59 lesiones graves en ese mismo período: fracturas de cráneo, daños medulares, traumatismos severos.
• Más de 200 niños lesionados cada año en EE. UU. por porterías no ancladas o mal aseguradas.
• Entre 1998 y 2008, cerca de 2.000 visitas a urgencias de menores de 16 años relacionadas con porterías que volcaron o fallaron estructuralmente.
En Europa, la respuesta llegó en forma de normativa. La UNE-EN 749 regula las porterías de balonmano y fútbol sala, y desde 2019 la Federación Internacional de Balonmano (IHF) exige explícitamente que las porterías estén firmemente sujetas al suelo o provistas de un sistema antivuelco en todas las competiciones. La normativa existe. El problema es que miles de instalaciones en España y Europa siguen operando sin sistemas de anclaje homologados.

Cómo y cuándo ocurren estos accidentes
No hace falta ninguna situación extrema. Los accidentes con porterías ocurren en tres escenarios habituales:

  • Colgar del larguero. Un niño se cuelga de la portería durante un entrenamiento o mientras espera su turno. La portería, sin anclaje, pivota hacia adelante. El marco cae sobre el menor.
  • Impacto o viento. Una portería portátil mal asegurada puede caer por el impacto de un balón a alta velocidad o por una ráfaga de viento.
  • Almacenamiento descuidado. Muchos accidentes ocurren con porterías apoyadas contra la pared fuera del horario de uso. Un tropiezo o un empujón accidental bastan para provocar el vuelco.

¿Existe una solución?
Sí. Y lleva más de una década funcionando.
Tutigool nació precisamente para esto. Tras los primeros casos de accidentes que llegaron a las noticias, iniciamos un proceso de investigación con un objetivo claro: crear un sistema que hiciera imposible el vuelco de una portería de fútbol sala o balonmano, sin depender de nadie ni de nada.
El resultado es el Sistema Antivuelco Tutigool®, patente internacional PCT. Una tecnología de contrapeso inteligente que hace que la portería sea, por sí misma, imposible de volcar. Da igual si un niño se cuelga de la red, si recibe un impacto fuerte o si nadie recuerda haber puesto el anclaje: la portería se mantiene en su sitio.
No necesita ser atornillada al suelo. No deja agujeros. No depende de que alguien la fije correctamente después de cada uso. La seguridad está integrada en el propio sistema desde el primer momento en que se coloca en la pista.
Más de 500 instalaciones activas en más de 15 países. Certificado por la IHF, la FIFA y la UEFA. Avalado por el Instituto AIJU mediante ensayos de resistencia independientes. Y un balance que lo dice todo: cero accidentes registrados en todas las instalaciones donde Tutigool está instalado.

Nacimos con un propósito claro: No más accidentes.
No solo estamos trabajando en prevenir todos los riesgos asociados a caídas de porterías, sino en garantizar que un niño vuelva a casa después de su partido con una sonrisa, en un entorno que lo ha protegido de principio a fin. Y sobre todo, concienciar de que existe un problema real y que cada año se producen varios accidentes.
Nos vemos el mes que viene para seguir construyendo y concienciando, juntos, un deporte mucho más seguro.

Para saber más, visita la página web: www.tutigool.com
Desde Tutigool, Autor: Pablo de la Cruz Enríquez